Con Wafa . . .

 La Vanguardia | 15/10/2010 | Pilar Rahola

Con Wafa desde EE.UU.

Pilar, el mundo es de las mujeres, venceremos la batalla al fundamentalismo: no tenemos otra opción

Una bella frase: “Las personas con ideas son fuertes. Las personas con ideales son invencibles”. ¿Invencibles? Simbólicamente, sin duda, pero la vida física puede caer en manos de cualquier asesino. Quizás por ello, por la conciencia de lo imperecedero de las ideas, pero lo perecedero de la vida, esta es la pregunta que me resultó más difícil hacerle: “¿Tienes miedo?”. Y su respuesta tuvo la grandeza de aquellos cuyo coraje va más allá de todo riesgo: “Mi causa es más importante que mi vida”.

 Wafa Sultan, nacida en Siria, psiquiatra de Alepo y refugiada en EE.UU. La revista Time la consideró en el 2006 como una de las 100 mujeres más influyentes, por su denuncia del extremismo islámico y por ser un ejemplo moral. Cuando era estudiante en Alepo vio como un terrorista de los Hermanos Musulmanes asesinaba a su profesor Yusef al Yusef, un oftalmólogo de fama internacional. Ella misma lo explicó en The New York Times: “Dispararon cientos de balas sobre él gritando “¡Alá es grande!”. En ese momento, perdí mi confianza en su dios y empecé a cuestionar todas nuestras enseñanzas. Fue el punto de inflexión de mi vida, y me ha llevado a este presente. Tuve que parar. Tuve que buscar otro dios”. Su impactante libro A God who hates, el Dios que odia, y que desgraciadamente no se ha publicado en nuestro país, lo dedica a otra víctima del fundamentalismo, su sobrina adolescente Mayyada, que se suicidó para evitar un terrible matrimonio impuesto. Wafa empezó a hablar alto y claro sobre su propia fe y sobre un islam que, a todas luces, parece haber perdido la batalla entre Dios y la modernidad. Y, por supuesto, empezó a recibir fetuas contra su vida, que la han obligado a vivir protegida y exiliada.

En su entrevista en Al Yazira, donde se enfrentó a un radical islámico, expuso con vehemencia lo que sería, en cualquier otra situación, un auténtico legado de sentido común: que la esclavitud de la mujer en el islam era una maldad, que hacer explotar jóvenes para matar a otros era otra maldad y que el islam que defendía estas locuras estaba muy enfermo. Nunca más la invitaron a Al Yazira. En algún momento de la conversación, Wafa me dice: “Pilar, el mundo es de las mujeres. Venceremos esta batalla, porque no tenemos otra opción. Y esta vez nos corresponde a las mujeres alzar la voz”. Y así la alza ella, valiente y comprometida.

¿Por qué no la escuchamos? ¿Por qué no escuchamos a Nonie Darwish, a Ayan Hirsi Ali, a Taslima Nasreen, a todas las musulmanas que han puesto en juego su vida para luchar contra el fundamentalismo islámico? Es la pregunta millón en nuestras sociedades tan tolerantes, tanto, que preferimos convertir a imanes radicales en interlocutores y silenciar la voz de las mujeres que luchan. El fundamentalismo es demoniaco y el islam que lo potencia está muy enfermo. Pero nosotros también estamos muy enfermos.

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