Un rumbo más atrevido para la mujer

JUEVES 14 DE OCTUBRE DE 2010 – EL PAÍS, selección semanal del The New York Times

Un rumbo más atrevido para la mujer

La moda entre la tradición y la tendencia

Por SOMINI SENGUPTA – NUEVA DELHI

   Las mujeres de India optan por trajes de chaqueta ajustados. En Sudán, una mujer que se atreva a llevar pantalones, va a la cárcel.

   En las capitales de Europa, un pañuelo musulmán en la cabeza se convierte en objeto de disc sión política. Y en todo el mundo islámico,  los  nuevos  diseñadores animan a las mujeres a salir de la reclusión indumentaria conropas que mezclan las tendencias de las pasarelas mundiales con las costumbres musulmanas.

   En las viejas sociedades enfrentadas a una avalancha de productos e ideas occidentales, la mujer suele cargar con el peso de la contradicción entre las exigencias de la tradición y las de la modernidad.

  Su forma de vestir transmite bastante más que su sentido del estilindividual. Se la evalúa por lo que se pone o no se pone, ya sea poparte de sus padres, su familia política, sus compañeros de trabajo, los  hombres groseros del autobús e incluso, como en el caso del debate sobre el velo islámico, los políticos.

  A veces se adapta a la tradición y otras veces la desafía. Fijémonos en la India actual, donde una década de crecimiento económico espectacular ha ido acompañada de nuevas oportunidades para la mujer urbana  y formada y le ofrece además un  inmenso menú de nuevos estilos.

   “Tengo la sensación de que este  país cambia casi de un día para .otro”, dice Anupama Dayal, una diseñadora de Nueva Delhi cuya colección de otoño incluye vestidos cortos y túnicas sueltas. “¿Y quién cambia más deprisa? La mujer”, añade. A medida que una mujer gana más dinero, poder y libertad, su forma de vestir suele cambiar.

 Pero, más que los hombres, las mujeres se encuentran con que su elección de vestuario suele valorarse en función de expectativas culturales.

   En Nigeria, por ejemplo, una estudiante universitaria puede llevar pantalones vaqueros ajustados o vestidos sensuales, pero una vez que asciende en la escala  profesional, es muy raro ver a una mujer vestida con algo que no sean ropas tradicionales nigerianas.

   De forma análoga, en India, una oficinista joven actual casi siempre lleva pantalones o trajes. Pero una directiva es más probable que opte por un sari. “Realmente pienso que el sari me hace sentir que tengo mucha más autoridad”, afirma Ambika Nair, que ha tra bajado como periodista y abogada y ahora dirige la rama editorial  legal de Thomson Reuters en India. “Y no veo el sari o el churidar como algo tradicional; no creo que llevar un traje, especialmente uno que no siente bien, connote modernidad”.

  Las vidas de las mujeres ndias están en un estado de cambio profundo. Actualmente, hay tantas niñas como niños en la educación primaria. La participación de las mujeres en el mundo laboral ha aumentado. Cada vez más, las mujeres viven por su cuenta, viajan libremente, adoptan niños como madres solteras e incluso se divorcian. A pesar de todo, tienen que enfrentarse a costumbres sociales y religiosas arraigadas, al acoso sexual y, a veces, a la violencia pura y dura.

  A medida que la prosperidad crea una clase de nuevos obesos, la toma de conciencia sobre la buena forma física ha generado un ideal femenino: delgado, firme y completamente distinto de las curvilíneas bellezas indias del pasado, con ropas a juego. Los saris de cóctel, como se los conoce, suelen estar hechos de gasa vaporosa, a veces salpicada de pedrería, y puede que combinados con un corpino.

  En algunos lugares, la globalización ha exportado las ideas occidentales de la belleza femenina y ha empujado alas mujeres a denudar sus cuerpos. En el resto de los sitios, la invasión de imágenes e ideas occidentales ha reforzado la tradición, pero las ropas no son anticuadas en absoluto.

  En Indonesia, el país musulmán más poblado del mundo, el hiyab —o yilbab, como se le conoce allí— es mucho más habitual que hace una generación. Pero ahora puede tratarse de un pañuelo de firma que se sujeta con un broche ecléctico o se combina con una visera.

  El equilibrio es especialmente difícil en el caso de las mujeres musulmanas que viven en Occidente.

Rabia Zagarpur vivía en California cuando empezó a vestirse de acuerdo con el código islámico hace 10 años. “Se te plantea el dilema de que es un estilo genial, pero no puedes llevarlo”, dice a propósito de su propia experiencia. “Comprar resulta deprimente. Y luego está el trabajo, claro. ¿Ropa de empresaria? ¿Qué te pones?”

  Zagarpur, que ahora vive en Dubai, empezó a diseñar ropa para mujeres como ella misma: chándales con camisetas más largas que cubren el torso, atrevidos caftanes de seda estampada, incluso un hiyab de una pieza con capucha hecho de un tejido extensible y transpirable. Sus seguidoras le escriben para expresarle su alivio, ientras los críticos a veces ridiculizan su ropa por ser demasiado atractiva. “A mi juicio”, insiste Zagarpur, “ser recatada y elegante es perfectamente compatible”.

  La elegancia no parece haber sido la preocupación de Lubna Hussein, de Sudán, cuando la detuvieron el año pasado acusada de indecencia por llevar pantalones, un crimen punible con 40 latigazos, según la versión sudanesa de la sharia. El tribunal terminó perdonándole los azotes, pero le impuso una multa de unos 200 dólares. Cuando Hussein se negó a pagarla, la envió a prisión.

  En India, donde la sociedad está en constante agitación, las mujeres se ven obligadas a tomar decisiones delicadas continuamente.

Suhasini Haidar, una presenta dora de televisión, lleva una chaqueta hecha a medida cuando está en el aire. Pero sabe que, para una cena gubernamental oficial, debe vestirse con un sari. “Hay algunos sitios”, dice, “donde presentarse con ropas occidentales sería una falta de educación”.

  Para Dayal, el sari se reserva para las situaciones difíciles. “Cuando no puedo correr riesgos, debo llevar el sari”, asegura; “a pesar de que tenga armanis y guccis y cientos de anupamas en el armario”.

1 comentari (+add yours?)

  1. lasudiste
    oct. 23, 2010 @ 11:47:02

    Il n’y a pas si longtemps que ça, nos grands-mères et mères avaient les mêmes inquiétudes, la tenue d’une femme était sujette à tant d’inconvénients ! Vous pouvez imaginer nous remettre à nouveau des corsets ?

    M'agrada

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