Las violaciones, el gran fracaso de la ONU

JUEVES 14 DE OCTUBRE DE 2010 – EL PAÍS, selección semanal del The New York Times

Por JEFFREY GETTLEMAN LUVUNGI, República Democrática de Congo

Cuatro hombres armados irrumpieron en la cabana de Anna Mburano, abofetearon a los niños y los tiraron al suelo. Mburano cuenta que la tumbaron de espaldas y la violaron repetidamente. No les importó que docenas de tropas de Naciones Unidas encargadas de mantener la paz estuviesen instaladas justo al final de la carretera. Ni que Mburano tuviese alrededor de 80 años. “¡Nietos!”, gritó. “¡Quitaos de encima!” En cuanto terminaron, siguieron yendo de casa en casa, junto con cientos de rebeldes más, violando en grupo al menos a 200 mujeres. Lo que pasó en este remoto pueblo de casitas con techos de paja el 30 de julio y que se prolongó durante al menos tres días más se ha convertido en un asunto tremendamente embarazoso para la misión de Naciones Unidas en Congo. A pesar de más de 10 años de experiencia y miles de millones de dólares, las fuerzas encargadas de mantener la paz en el país parecen estar fracasando en su tarea más elemental: proteger a los civiles. Los cascos azules de la ONU están considerados la última línea de defensa en el este de Congo. Pero muchos críticos sostienen que no hay otro lugar del mundo en el que Naciones Unidas haya invertido tanto y conseguido tan poco. “Congo es el mayor fracaso de la ONU”, afirma Eve Ensler, autora de Los monólogos de la vagina, cuyo grupo de apoyo, V-Day, ha estado trabajando con mujeres congoleñas. Los funcionarios de Naciones Unidas reconocen que las fuerzas de paz no fueron capaces de res ponder con la rapidez suficiente en Luvungi. “Me siento culpable personalmente y culpable respecto a las personas que conocí allí”, dice Atul Khare, subsecretario general para el mantenimiento de la paz, que ha visitado Luvingi hace poco. “Medicen: ‘Nos han violado, nos han tratado brutalmente, dénos paz y seguridad’. Desgraciadamente, les respondía yo, eso es algo que no puedo prometer”. Luvungi, un pueblo de unos 2.000 habitantes, es un crisol en el que convergen muchos de los problemas espinosos de Congo: la lucha por los minerales; la fragmentación de los grupos rebeldes; los perversos incentivos de los grupos armados para cometer atrocidades a fin de reforzar sus posiciones negociadoras; la pobreza que mantiene a los pueblos desconectados e incomunicados, y el inquietante hecho de que, en las guerras de Congo, el campo de batalla se encuentra a menudo en los cuerpos de las mujeres. Los funcionarios de Naciones Unidas consideran que la violencia sexual en Congo es la peor del mundo. Ahora, la gente de la zona de Luvungi no se atreve a correr riesgos. Después de las violaciones, Naciones Unidas estableció una pequeña base en Luvungi y la mera presencia de unos 20 soldados de paz en un cine abandonado atrae a incontables refugiados. A mediados de julio, el contingente del Ejército congoleño emplazado en Luvungi se, retiró de repente, y dejó a sus habitantes indefensos. Más tarde, la ONU se enteró de que los soldados se habían marchado a Bisie, donde hay una enorme mina de mineral de estaño (e impuestos ilegales que pueden recaudar por la fuerza). Los rebeldes invadieron Luvungi el viernes 30 de julio, en torno a las ocho de la tarde. Según los informes de Naciones Unidas, había unos 300 hombres, una mezcla de rebeldes ruandeses que llevan años aterrorizando el este de Congo y combatientes de un nuevo grupo rebelde congoleño, Mai Mai Cheka, que ha estado compitiendo por atraer la atención a medida que el Gobierno trata de incorporar más rebeldes al Ejército. Resulta paradójico que el esfuerzo por integrar a ciertos grupos rebeldes en el Ejército congolefio pueda haber proporcionado una excusa para las violaciones. Cuanto más temible y poderoso pueda parecer un grupo armado, más concesiones puede sacar de las negociaciones. El lunes 2 de agosto, las tropas de la ONU accedieron a escoltar a algunos conductores de camio nes a través de Luvungi. Los oficiales indios afirman que vieron colchones hechos pedazos y ropas esparcidas por la carretera, pero que los aldeanos no dijeron nada sobre violaciones masivas. “A veces”, explica el coronel Sharma, “a las mujeres congoleñas les avergüenza contarle aun soldado, especialmente si es hombre, que las han violado”. Algunas mujeres de Luvungi han relatado que, después de violarlas, los rebeldes desaparecieron en la noche vociferando, como si estuviesen celebrándolo. Mburano los escuchaba mientras yacía sangrando en el suelo. “Todavía me siento enferma”, asegura. “Solo algo de verdura, eso es todo lo que he comido desdeque me aplastaron”.

2 comentaris (+add yours?)

  1. Magdaiprou
    oct. 21, 2010 @ 18:09:27

    No hauríem de revisar, de tant en tant, la nostra escala de valors?
    Ens passen desapercebudes o com intranscendents accions molt inhumanes, no per desconegudes, sinó més aviat “assumides”. El fet de què ja ho sabíem, de fa temps, no hi treu gravetat.
    Tal vegada hauríem d’estalviar energies, emprades en queixes o crítiques, dirigides a fets força més intranscendents però més fàcils de denunciar i més amens per a discutir. Segurament hi ha formes d’ajuda; coneixement, denúncia constant, avergonyiment per assumir aquests i altres fets . . .

    M'agrada

  2. jocelyne
    oct. 20, 2010 @ 21:46:06

    Dans notre petit univers protégé, nous oublions parfois que le destin de la plupart des femmes du monde est terriblement injuste. Nous sommes très peu à être privilégiées, et c’est souvent que nous ne nous en rendons pas compte. Ce genre d’article nous fait sursauter pendant un moment : oh quelle horreur… et puis on passe à autre chose… on finit par s’habituer.

    M'agrada

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