AGOST al TNC – desembre 2010

AGOST

De Tracy Letts. Traducción: Joan Sellent. Dirección: Sergi Belbel. Intérpretes: Carles Velat, Anna Lizaran, Emma Vilarasau, Abel Folk, Clara de Ramon, Rosa Renom, Montse German, Maife Gil, Jordi Banacolocha, Albert Triola, Almudena Lomba, Òscar Molina, Manuel Veiga. Escenografía: Max Glaenzel. Vestuario: Antonio Belart. Iluminación: Kiko Planas. Sonido: Pepe Bel. Canción original: Albert Guinovart.

Com ho han vist els crítics

Anna Lizaran pone en pie al TNC con su interpretación en “Agost” Justo Barranco – Barcelona

La obra de Tracy Letts aborda la descomposición familiar y social de Occidente

La obra fue muy aplaudida, pero fue la aparición de Anna Lizaran, que representa en Agost a una madre de turbulenta familia adicta a las pastillas, a todo tipo de pastillas, y capaz de gastarse con sus hijas una crueldad que ni Nerón a base de “decir la verdad”, la que hizo levantarse anoche al público del TNC. El estreno de Agost, del norteamericano Tracy Letts que ha triunfado en Broadway -y que pronto irá a Hollywood- y en teatros de medio mundo, quedó de ese modo visto para sentencia en su versión catalana, dirigida por el propio responsable del TNC, Sergi Belbel.

   El aplaudiómetro fue contundente Anna Lizaran, Maife Gil -que representa a su hermana en la obra y que compite con ella en menosprecio a sus descendientes- y Emma Vilarasau, una de las tres sufridas hijas de Lizaran, se llevaron la palma de entre los nada menos que 13 intérpretes de Agost tras una sesión de gritos, rotura de platos e histrionismos varios que hizo reír mucho y conquistó a buena parte del público pero que también desencantó a otra pequeña parte, que vio la adaptación del texto de Letts, un retrato de la descomposición familiar y social a comienzos del siglo XXI, demasiado vodevilesca.

  En la obra, como casi no podía ser de otra manera con 13 intérpretes sobre las tablas, hay un chivo expiatorio, una víctima temprana que desencadena toda la acción y el griterío posterior: Beverly Weston (Caries Velat), un sui generis pater familias adicto al alcohol desde hace unas cuatro décadas, pero que antes había sido un escritor prometedor, desaparece misteriosamente. Será el detonante que consiga volver a reunir bajo el mismo techo a su mujer, sus tres hijas y en algunos casos sus precarias familias. Y será el detonante también para que haya una explosión de verdades y desvelamiento de secretos que en otras condiciones podría suponer un nuevo punto de partida para los Weston, pero que en éste caso apenas parece servir para que se desfoguen sus protagonistas. En la casa se hace la luz, literalmente, puesto que hace años que vivían con las ventanas cubiertas por cartones para no tener que diferenciar entre el día y la noche, quizá entre el sueño y la realidad o entre la verdad y la mentira. Un paraíso artificial como cualquier otro, construido con alcohol en el caso del marido desaparecido y con pastillas contra “el dolor” en el caso de la madre. A partir del segundo acto de ésta obra de cuatro horas y cuarto, los cartones desaparecen de las ventanas, la luz se hace y se descubren infidelidades, frustra  ciones, fracasos sentimentales, infantilismo y envidias.

   Pero poco espacio para construir nada. Una lluvia en terreno estéril. Letts retrata una familia que, como indica el personaje interpretado por Rosa Renom, sólo lo es de nombre: no se ven hace años, no saben nada de sus vidas, quizá ni les importa. Desintegración del núcleo familiar, que era el núcleo social. Una sociedad con la que Letts propone una analogía dura en el monumental escenario de su obra: las tres plantas de una casa de Oklahoma, un estado del que los personajes se preguntan incluso cómo llegó a existir si allí apenas hay otra cosa que desierto y un calor sofocante y si tenía que ser, ya que no valía nada, una reserva para los indios. Salvo porque se descubrió petróleo… Una sociedad occidental devoradora que el autor contrapone a la criada india y de la que no augura nada bueno, sospechando que en ella ya se “hubiera acabado todo sin que nadie fuera consciente”. Y, añade un personaje, “la disipación es una cosa mucho peor que el cataclismo”.»

‘Agost’ Baby Jane ha vuelto

BEGOÑA BARRENA 27/11/2010 El País 

¿Qué fue de Baby Jane?, se preguntaba Robert Aldrich, director de la película que supuso para Bette Davis una nominación como mejor actriz a los Oscar de 1962. Pues parece haber vuelto encarnada en la Violet Weston de Anna Lizaran, la protagonista indiscutible de Agost, el megamontaje que acaba de estrenar el Teatre Nacional de Catalunya, por su gran presencia escénica, su enorme fuerza, sus muchos matices y su buena dosis de mala leche. La platea entera se puso en pie en cuanto ella salió a saludar con los aplausos. El personaje de la Lizaran es sin duda el eje que vertebra tanto la trama de Tracy Letts como el montaje que firma Sergi Belbel. La secundan muchos y lo hacen bien, pero cuando ella no aparece en escena, la cosa pierde fuelle. Y es que aguantar una función que, con los entreactos, se va a casi cuatro horas y media no es fácil para el espectador ni debe de serlo para los intérpretes. Argumento y puesta en escena tienen que enganchar, y mucho. Aquí tenemos una historia que engancha por la vía del culebrón y una exhibición escénica que lo hace desde que se despliega la impresionante escenografía de Max Glaenzel marcada por el mismo autor de la pieza: una formidable casa de campo de tres plantas en Oklahoma que viene a ser como una gigantesca casa de muñecas con todos sus accesorios.

El dramaturgo Tracy Letts (Tulsa, 1965) ganó el Tony y el Pulitzer a la mejor obra teatral en 2008 con August: Osage County, una tragicomedia que reúne en el seno de una familia de la América profunda los elementos propios de una temporada entera de cualquier culebrón que se precie, de manera que el espectador asiste, cual voyeur, a la exposición de los trapos sucios de los Weston: suicidio, divorcio, adulterio, incesto, malos tratos, pedofilia y adicciones varias.

Citas de T. S. Elliot y Emily Dickinson, o la alusión sobre la culpa colectiva de la población estadounidense por cuanto respecta al genocidio del pueblo nativo, personificada en la criada india, quieren elevar el tono del conjunto de lo que, dividido en episodios, no pasaría de ser un folletín que mezcla hábilmente la tragedia con la farsa. Y aunque los trapos se van ventilando de manera un tanto previsible y las escenas grotescas son a veces algo forzadas, Agost funciona. Y el montaje de Belbel también, sobre todo si uno sabe a lo que va.

Si les gusta espiar por la mirilla, aquí podrán ver, entre otras cosas, cómo la Lizaran y la Vilarasau (en el papel de Barbara, la hija mayor) se tiran de los pelos; cómo la presión familiar hace tartamudear a Rosa Renom (Ivy, la hija mediana); cómo Montse German (Karen, la pequeña) excusa con aplomo a su prometido pedófilo; cómo este (Òscar Molina) engatusa a la joven Jean, la nieta (Clara de Ramon); cómo Jordi Banacolocha (el cuñado de Violet) planta cara a su mujer (Maife Gil) y cómo al torpe hijo de ambos (Albert Triola) se le cae el estofado de mamá.

i . . . com ho hem vist nosaltres

Famílies americanes?

Són molt diferents les europees?

Les mediterrànies?

Quina obra!

Quin muntatge !

Quina interpretació !

És pot dir insuperable?

Doncs jo m’atreveixo: difícilment superable.

Per com ens retrata l’autor, com essers humans, dins el marc de la família.

Per com ha estat traduïda l’obra –d’autor nord-americà- per com l’ha entès el director i l’han, magistralment  interpretat  els actors i sobretot les actrius.

Un muntatge original, esplèndid, que permet la presència de, gairebé, tots els actors en escena en el transcurs de l’obra, de quatre hores, llargues –però que no se’n fan- de durada, temps en el què es comença aspectant però que t’hi vas reflectint, involucrant, reconeixent , en una o altre de les diferents circumstàncies . . .

Una mare dura, que no forta o valenta. Ho vol semblar, però s’ha de revestir d’estratègies cargolades i destructives, tant per a ella com per a la seva família i reforçades amb bones dosis de medicaments. El marit, pare de les tres filles –i escaig-, abans de desaparèixer d’escena, de l’obra –en quant a presència física- i de l’abocador en què s’ha anat convertint la seva vida, ens fa un resum de la seva caiguda.

Les filles, infelices, les tres, però penso que recuperables. La “dolenta” és la mare. La Bàrbara, la filla gran, tant dura com la mare, però jo la vaig veure valenta, humana; ferida, però no venjativa. La mare coneix la paternitat del “nen” i s’ho guarda per treure-ho quan més mal faci, la Bàrbara, quan se n’entera, hi dona voltes, ho vol dir, ho ha de dir, però com? Quan? No vol fer mal. La Karen, la petita de les germanes, despreocupada, no vol problemes i fins i tot una mica quentista, com la mare però sense la malícia. L’Ivy, la germana soltera, que s’ha quedat  a casa, se sent la víctima –es va tornar cínica quan es va adonar que era la què havia de tenir cura dels pares . . . -. S’havia quedat  a casa, mira. La Bàrbara se n’havia anat, havia volgut organitzar la seva vida, però era la què sabia de les pastilles de la mare, la que sabia dels psiquiatres i de la cura de la mare, la que diu . . . “ara mano  jo” amb el què comporta “manar”, que no és un Regal !

Avui, a més de lloar el conjunt de l’obra que em va meravellar, he sentit la necessitat de recuperar a la Bàrbara, doncs sentia comentaris que la comparaven amb la malèvola mare i jo no ho volia permetre.

Un altre dia parlarem dels homes, que també cal i de la Johnna, pacífica, pacient, eficient. De la tieta Mattie, de la joveneta Jean, totes broden els seus papers.

3 comentaris (+add yours?)

  1. La Sudiste
    gen. 20, 2011 @ 18:15:01

    Submitted on 12/12/2010 at 13:25
    Tout d’abord, merci Magda pour ce magnifique post, et ton commentaire enthousiaste auquel je ne peux que souscrire.
    Il y a tellement de lectures à faire au sujet de cette pièce… Une me vient à l’esprit : les enfants sont-ils responsables des parents lorsque ces derniers décident arriver jusqu’au bout de l’auto-destruction après leur avoir gâché leur vie à souhait ?
    J’ai remarqué aussi le rôle essentiel des femmes dans cette pièce, un rôle soit de destruction (la mère et la tante) soit de construction, les autres, mais malheureusement sans arriver au bout de la rédemption : la vie de ces trois filles est destinée à l’avance, nulle ne sortira indemne de la catastrophe.
    au passage, un thème tellement d’actualité : le racisme latent envers une personne qui, en définitive, sera celle qui restera maîtresse de la situation à venir, la seule qui a su garder positivement ses origines et sa façon d’agir.

    M'agrada

  2. Joana
    gen. 20, 2011 @ 18:13:04

    Submitted on 12/12/2010 at 17:34
    Igual com tot el públic, vaig sortir del teatre totalment entusiasmada. AGOST és una obra rodona, ben narrada, molt ben interpretada (10 punts a cadascú dels actors) i que t’atrapa des del primer moment.
    He deixat, però, un parell de dies a fer el meu comentari perquè, ja a casa, m’he trobat fent les següents reflexions: Si bé el tema és universal, no així la forma i l’histrionisme de la gran protagonista, la mare (Anna Lizaran). En totes les famílies, aquí i allà, sorgeixen sovint els petits o grans secrets, les enveges i les rancúnies mai superades. Però jo diria, potser amb un xic de cinisme, d’una manera més “civilitzada”. En la família americana d’AGOST,
    hi ha una manca absoluta d’amor, de respecte i tolerància. Cap dels individus respira tendresa, només reaccionen amb virulència i despotisme. Tan sols se’n salva la jove india que duu en si mateixa, el més pur sentit d’identitat i amor amb els seus avantpassats i la única que es queda per atendre a la patètica i malaurada matriarca.
    Comparo l’autor, en Tracy Letts, amb Tennessee Williams. Recordem “Un tramvia anomenat desig”, “La gata sobre la taulada de zinc”, “El zoo de cristall”…. Obres de gran potència dramàtica, on les baixes passions són dutes al límit. Uns estils de narrativa que agraden però que tot parlant de coses de la vida, les contemplem llunyanes de nosaltres.
    Tanmateix, amigues, val la pena d’anar al teatre i aplaudir la posada en escena i l’actuació de tots els autors. (I realment, les quatre hores passen volant….)

    M'agrada

  3. La Sudiste
    des. 12, 2010 @ 13:28:44

    Je crois que le petit côté “vaudeville” nous a permis de relâcher un peu notre tension, je ne sais pas si le public est suffisamment préparé pour supporter pendant trois heures et demie une pièce aussi dure.

    M'agrada

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

w

S'està connectant a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.