El aluvión de médicas aún encuentra recelos

Jaime Prats 13 JUL 2012 – a El País

De los 6.112 médicos que han acabado este año el programa MIR de formación de facultativos, el 64,8% son mujeres. La presencia femenina es masiva en obstetricia y ginecología (85%), pediatría (84%) o hematología y pediatría (79%), según un informe elaborado por el Centro de Estudios del Sindicato Médico de Granada. En las facultades, el 85% de los estudiantes son mujeres. Los datos son contundentes: la feminización de la medicina es un hecho. Aunque existen opiniones divergentes sobre las consecuencias de este fenómeno y de los aspectos de la organización del sistema sanitario que deberían adaptarse al cambio de perfil demográfico de la profesión.

Especialistas como Serafín Málaga, presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP), creen que si no se toman medidas, esta mayoría femenina derivará en un creciente número de problemas en los servicios debido a la frecuencia de las bajas por maternidad o los permisos derivados de la conciliación de la vida familiar y profesional. “Es un hecho real que la mujer es la que pare”, explica, “y es indudable que ello tiene repercusión en el ámbito laboral”. Pero hay quien no comparte este enfoque. “En pleno siglo XXI no se puede hablar de la feminización de la medicina como un problema”, comenta Pilar Arrizabalaga, secretaria general del Colegio de Médicos de Barcelona. “Hace décadas que las mujeres han ocupado masivamente el sector de la educación”, añade. “¿Ha habido algún problema porque la gran mayoría sean profesoras? Parece bastante claro que no ha pasado nada”.

El lunes pasado, Maite Paramio, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, abordó esta cuestión en la sección de cartas al director de este diario. Su escrito era una contundente respuesta a un artículo muy comentado entre los círculos médicos en el que los presidentes de las asociaciones médicas de obstetricia y ginecología (SEGO), pediatría (AEP) y endocrinología (SEEN), planteaban en Diario Médico las dificultades que se dan en sus especialidades por la elevada presencia de mujeres.

Coincidían en destacar problemas en la organización de las guardias por la acumulación de bajas laborales, maternales o por motivos familiares e indicaban que los inconvenientes que ya se estaban dando se incrementarían a corto plazo debido a la baja tasa de reposición existente por la crisis, y a medio plazo a medida que se fueran jubilando los médicos de más edad (donde se concentran los hombres).

“Parece que la crisis económica unida a la feminización de la medicina va a ser una situación difícil de soportar para nuestros presidentes”, expuso Maite Paramio con ironía en el texto remitido a EL PAÍS. “Lo malo para ellos es que no pueden hacer nada legalmente. Sus doctoras fueron las jóvenes que sacaron mejor nota para hacer el MIR y las más calificadas después para tener una plaza en el hospital”. En el artículo que replicó la investigadora, el presidente de la asociación de pediatras planteaba que en la cobertura de las plazas MIR se tuviera en cuenta la feminización de cada especialidad. “Se supone que abogaba por las cuotas para hombres en el MIR olvidándose de que la capacidad y la excelencia es lo que mueve el mundo”, indicó Paramio.

En conversación con este diario, Málaga indica que no se refería a limitar el número de plazas para mujeres, sino que pretendía plantear que la especialidad de pediatría “cuenta con una alta tasa de feminidad y que en el número de plazas que se convoquen para los médicos en formación se tiene que tener en cuenta este hecho”.

El presidente de la AEP insiste en que no plantea que se deba controlar el número de mujeres pediatras. Pero sostiene que cuantas más haya ejerciendo la profesión, mayor será el volumen de bajas en los servicios y también las dificultades para cubrirlas. Y advierte de que todos los indicadores apuntan a que la feminización en la medicina, y en concreto en su especialidad, se incrementarán.

La mujer “tiene que conciliar la vida laboral y familiar. Solicita bajas por maternidad, y esto hay que afrontarlo. Lo único que hago es constatar un hecho, y esto es un problema laboral”.

No solo por los perjuicios organizativos que provoca en los servicios. En su especialidad, a las vacantes —cada vez menos cubiertas— se añade una amenaza, sostiene. Muchas de las bajas no se sustituyen por especialistas en niños, sino por médicos generales. Ello, indica, pone en riesgo la excelencia en atención de la población de entre 0 y 14, que en España descansa exclusivamente en los pediatras, algo que no sucede en otros modelos sanitarios, por ejemplo en Gran Bretaña, donde son los médicos de familia quienes atienden a los menores. Si no se introducen cambios para compensar las bajas femeninas “nos cargamos el modelo de atención pediátrica, que nos ha puesto a la cabeza de resultados en el mundo con una tasa de mortalidad infantil de las más bajas del mundo”. La solución para Málaga pasaría por un aumento del número de plazas MIR en pediatría “para contar con un número suficiente que permitiera garantizar el volumen de vacantes y poder así mantener el modelo actual”, algo que, sostiene, llevan solicitando desde hace tres años.

Sin embargo, el factor de género que plantea el presidente de la sociedad de pediatras ya se contempla en el cálculo de las plazas MIR. El Ministerio de Sanidad usa como referencia para ofertar plazas de formación el informe Oferta y necesidades de especialistas médicos en España (2010-2025). Y este estudio incorpora una corrección de género que tiene en cuenta el diferencial de los periodos de inactividad de las mujeres respecto a los hombres, como explica Beatriz González López-Valcárcel, catedrática de Métodos Cuantitativos en Economía y Gestión de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y coautora del informe. Por ello “no hace falta tocar nada”. “Es obvio que las mujeres tienen periodos de baja que no tienen los hombres, como los cuatro meses de baja de maternidad que suelen coger mayoritariamente ellas. Y en un país como este, cuando el niño se pone enfermo, quien se queda en casa es la madre, no el padre; esto es lo que hay”, explica esta especialista en economía de la salud.

El informe tiene en cuenta distintas variables, entre las que se encuentra el promedio de tiempo de trabajo de un hombre comparado con una mujer. “¿Es una diferencia relevante?”, se pregunta esta economista. “Pues no, es poco relevante”, se responde. “No creo que haya problemas hasta el punto de pedir cambios en el funcionamiento de los servicios”. Y de poner límites por sexo, ni hablar. “Todo lo que sea restringir es malo”, explica. “Si las mujeres quieren ser pediatras, que lo sean”. “Yo estoy encantada de que el 85% de las plazas MIR de ginecología estén ocupadas por mujeres, me encuentro más cómoda con una médica”.

“Hacer un problema de la feminización de la medicina es una sinrazón y una aberración” sostiene Pilar Arrizabalaga. Esta nefróloga del hospital Clínico de Barcelona niega la mayor: las mujeres no trabajan menos.

“Es un mito que las mujeres hagan menos guardias porque es una actividad consensuada entre todos los miembros del servicio”. La secretaria general del Colegio de Médicos de Barcelona, que admite que el artículo que originó la polémica ha sido muy comentado en su hospital —“no solo por mujeres”—, también se muestra muy contundente en contra de los augurios que alertan del caos organizativo que podría provocar que las mujeres coparan la actividad asistencial y los servicios. “Es una posición carpetovetónica, decir que la crisis cuestionará las coberturas asistenciales porque las mujeres paren me parece una falacia”.

Arrizabalaga introduce en el debate un nuevo elemento relacionado con la feminización de la medicina: los cambios que ha introducido este factor en la relación entre el médico y el paciente, un “tema capital en la profesión”. Junto con Miguel Bruguera, hepatólogo del hospital Clínic de Barcelona, publicó en 2009 un editorial en la revista Medicina Clínica titulado Feminización y ejercicio de la medicina. El artículo reflexiona sobre cómo afecta el aumento de médicas en “el elemento fundamental de la profesión médica [la relación médico-paciente] y en la organización del sistema sanitario”.

Respecto a la primera cuestión, la conclusión es que los pacientes han salido ganando con la feminización. Los autores aluden a un estudio de 2002 del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina John Hopkins de Baltimore, en el que las médicas “no están en desventaja respecto a sus colegas masculinos sino que por su condición y su rol sociocultural, tienden con natural facilidad a la compasión y a la empatía”. Un análisis de 26 trabajos publicado también en 2002 en el Journal of American Medical Association “indica que las médicas utilizan, en general, un estilo de comunicación más llano, cálido y afable a fin de presentar las posibilidades terapéuticas de un modo más abierto y participativo. Sus consultas duran más tiempo y parecen ser más agradables”.

De forma paralela a las “potenciales implicaciones positivas en el ejercicio de la medicina asistencial” que lleva aparejadas la feminización de la profesión médica, los autores del trabajo también sostienen que implicará “una reordenación continua del sistema sanitario desde los recursos humanos que, previsiblemente, deberá poner énfasis en la conciliación de la vida familiar y laboral a fin de conjugar las expectativas familiares, la demanda familiar y lo que la empresa sanitaria espera del médico”. Pero no por la reticencia de las mujeres a prolongar la jornada laboral. Esta tendencia “es extensible a todos los profesionales jóvenes, independientemente de su sexo”. De hecho, el informe plantea que las médicas tienden a trabajar “bajo el denominado modo M, con un valle de contratación parcial y la crianza de los hijos y dos picos de contratación a tiempo completo. El segundo pico tiende a ser igual o incluso prolongarse más que la vida laboral activa de sus compañeros”.

“No tenemos por qué exigir a las mujeres una disponibilidad que no se exige en otras profesiones, si hay que conciliar la vida profesional y laboral hay que cambiar las cosas”, sostiene Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial de España, quien considera la feminización algo “muy positivo para la profesión”.

Rodriguez Sendín está convencido de que la profesión camina hacia jornadas “más normales”. “Los médicos han tenido siempre una disponibilidad de 14 horas al día, pero esto no puede ser obligatorio”. Por ello, el representante de los colegios profesionales apuesta por cambios en la organización para hacer posibles jornadas más reducidas. Y cree que en estos momentos, en plena crisis, son tan buenos como cualquier otro.

ANÁLISIS

Doctoras, no; enfermeras, sí

Solo los prejuicios pueden conducir a calificar de “problema” la feminización del sector

Gabriela Cañas 13 JUL 2012 –

La crisis, además de una dura realidad, puede ser también una magnífica coartada para defender cuestiones que nada tienen que ver con los problemas económicos. La prueba más flagrante son algunas de las reformas de este Gobierno, como la de la Justicia o la Ley de Costas, que responde más a la ideología que al bolsillo. El asombroso artículo que Diario Médico acaba de publicar es otro ejemplo. Su título: La crisis agudiza los problemas de la feminización. Sí, la crisis, que en el sector sanitario se está viviendo con dramáticos recortes de personal, es una excusa perfecta para insistir en un asunto, el de la feminización, que parece preocupar hondamente a una cierta casta médica; por supuesto, masculina.

El diagnóstico no es incorrecto. Las trabajadoras registran un más alto absentismo laboral debido a las bajas maternales y al cuidado de familiares a su cargo, lo que dificulta la organización del trabajo. Es cierto, si bien las estadísticas demuestran que el absentismo no difiere tanto por cuestión de género y que, a igualdad de condiciones (sin cargas familiares), el absentismo masculino suele estar incluso por encima. Imposible tomar en serio los problemas de las bajas maternales en un país con una tasa de fertilidad de 1,47 hijos por mujer.

Los prejuicios no son buenos consejeros porque quedan fácilmente al descubierto. Aun en el caso de que la feminización de la medicina fuera un problema por razones logísticas, ¿cómo es que estos médicos no se preocupan por esos mismos inconvenientes en el sector de la enfermería, cuyo trabajo tanto repercute en el de los facultativos? Más del 80% son mujeres. Hacen guardias y largas jornadas. De ellas depende en gran parte el buen funcionamiento de los centros sanitarios. ¿Por qué no les inquieta? ¿No será que eso no amenaza ni su estatus laboral ni su estatus profesional?

El artículo de esta revista especializada contiene las opiniones y propuestas de los presidentes de las asociaciones médicas de las especialidades más feminizadas: ginecología, pediatría y endocrinología. Los tres son, sin embargo, hombres, lo que en este caso es un dato relevante. Y los tres vienen a proponer dos soluciones. La primera es poco comprometedora y fácil de compartir. Se trata de “buscar un modelo laboral diferente”. La segunda podría ser interpretada como una tímida propuesta de establecer cuotas, pues se dice textualmente que habría que “exigir que en la cobertura de las plazas MIR se tenga en cuenta la feminización de cada especialidad”.

Si esta no es una propuesta de cuota se le parece mucho y, en tal caso, hay que denunciar el intento de pervertir una legítima aspiración feminista en un mero beneficio propio. Las cuotas se establecen para reequilibrar órganos de poder en los que, a falta de selecciones objetivas de personal como es el sistema MIR, la cooptación promueve el dominio masculino. Por muy feminizada que esté la profesión médica en España es evidente que las jefaturas y las asociaciones médicas están en manos mayoritariamente masculinas. Si lo que se está proponiendo es la discriminación positiva consagrada hace tiempo por la Unión Europea, entonces estos médicos deben saber que a la hora de cubrir una plaza MIR solo se podría favorecer a un hombre en el caso de que hubiera un empate estricto con otra candidata femenina. Son detalles importantes que este artículo no aclara.

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