La mujer sigue lejos de la primera página

Ellas representan el 40% de las redacciones, pero apenas ocupan la portada en prensa
Escasean como autoras y como protagonistas

Alejandra Agudo 10 NOV 2012 – a El País

Las mujeres están claramente infrarrepresentadas en los medios de comunicación. Y sucede en todos los ámbitos: no solo tienen menor presencia como autoras de las informaciones que aparecen en la portada de los periódicos sino que también protagonizan menos historias de primera página. Los periodistas apenas recurren a fuentes expertas femeninas y las fotografías de primera pocas veces tienen rostro de mujer. Así lo constatan diferentes investigaciones internacionales, como el reciente estudio Vistas pero no escuchadas: cómo las mujeres hacen noticias de portada, publicado por la organización Women in Journalism, y el Proyecto de Monitoreo Global de Medios 2010 (GMMP, por sus siglas en inglés), que se hace quinquenalmente.

Un análisis realizado por este periódico de las cabeceras de mayor tirada en España y el informe Representación y tratamiento de las mujeres en la información económica, de Ayuda en Acción, arrojan conclusiones muy similares.

“Las mujeres representan el 41% de las redacciones en España. Que en el siglo XXI estemos infrarrepresentadas es demencial”, sostiene Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Según datos de la FAPE, más del 60% de los estudiantes de periodismo en España son alumnas. Sin embargo, el 59% de los trabajadores son hombres. En la dirección, la desproporción es aún mayor, con solo un 20% de representación femenina. En los consejos de administración la presencia de la mujer es incluso menor: un 10%. Según González, “los varones acceden más fácilmente a las redacciones y a los órganos de decisión”. Una afirmación que aparece refrendada por las cifras.

Los datos constatan que las cúpulas de los medios son terreno vedado a la mayoría de mujeres. Pero eso no termina de explicar por qué escasean las firmas femeninas en las portadas, donde se destacan las noticias que el medio considera más importantes. El análisis realizado por EL PAÍS de las principales cabeceras españolas revela que las periodistas apenas firman el 26% de los artículos en primera página, mientras que los hombres lo hacen el 63% de las veces. En el resto de informaciones, hombres y mujeres comparten autoría. Para realizar el cálculo, este periódico ha contado las noticias de portada con rúbrica aparecidas en aquellos medios que tienen una difusión de más de 50.000 ejemplares y que firman sus informaciones de portada: EL PAÍS, El Mundo, La Vanguardia, El Correo y El Diario Vasco. El porcentaje es similar —aunque algo más feminizado— al de la prensa británica, como se desprende del estudio de Woman in Journalism, publicado el pasado 15 de octubre. En Reino Unido, ellos escriben el 78% de los artículos en primera y ellas el 22%.

Una de las razones de este desequilibrio, según coinciden los expertos, es que la distribución de hombres y mujeres en las áreas temáticas de la redacción es desigual. Ellos se encargan mayoritariamente de temas económicos, políticos o de relaciones internacionales. “Y esas son las noticias que van a primera”, afirma Cristina Fraga, presidenta de la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación (Ameco). “A las mujeres se nos empuja a escribir en sociedad o cultura y a hacer reporterismo de calle”, agrega.

La presidenta de la FAPE cree, de hecho, que la mayoría de los temas considerados importantes que emergen a la primera página se confían a los varones. “Se les presupone una mayor entrega al trabajo. Pero es un patrón erróneo”, apunta. “La génesis de que se produzca discriminación es que la profesión periodística, muy competitiva, no ha resuelto el tema de la conciliación”, añade Fraga. Un problema que está pendiente de solución también en otros sectores.

Tampoco en los contenidos las mujeres ganan protagonismo. Solo el 28% de personas que aparecen en las informaciones —fuentes, expertos o personajes destacados de la actualidad— son mujeres. Y a menudo aparecen estereotipadas, según el GMMP, que analiza todas las noticias de un día al azar de una selección de medios; En España se estudiaron 14: cinco periódicos, cinco informativos televisivos y cinco radiofónicos. “¿Y qué le llega a la población? Que las mujeres no son relevantes, que no tienen interés”, opina Elvira Altés, coordinadora en España de este estudio internacional. La periodista cree que la escasa presencia femenina en los medios se debe a que estos reproducen una “mirada androcéntrica” de la realidad. “Es una visión antigua”, añade. González coincide. “Cuando los periodistas recurren a expertos, líderes de opinión o fuentes, son hombres. Salvo para hablar de la cocina, la moda o el hogar”, critica la presidenta de la FAPE.

La excusa de que hay menos mujeres economistas, biólogas, políticas o empresarias no vale. José Javier Sánchez Aranda, profesor de comunicación de la Universidad de Navarra, desmonta la creencia de esa escasez. Basándose en sus investigaciones sobre la igualdad de género, asegura que, aunque la participación femenina en ciertos ámbitos de la vida es menor que la masculina, la presencia de la mujer en los medios es incluso inferior a la que se da en la realidad. En su opinión, los profesionales no elaboran correctamente las noticias. Si lo hicieran, dice, habría tantas fuentes mujeres en la información como las hay en la sociedad. “Es una herencia del pasado en las rutinas de trabajo”, incide.

Una reciente investigación de Elvira Altés y Silvia Majó revela que las mujeres solo aparecen en dos de cada diez noticias sobre economía, a pesar de que más de un 60% de licenciados en la materia son féminas. “Se desaprovechan sus conocimientos”, alerta Altés. Pero la realidad a la que se enfrentan los redactores de este tipo de información es que ellas simplemente no están en los órganos de poder de las empresas. Un techo de cristal bloquea el ascenso laboral de las mujeres. Solo hay una presidenta al frente de una empresa del Ibex 35 (Ana María Llopis, de Dia). Y solo un 0,3% de las mujeres alcanzan puestos directivos, frente al 1,1% de los hombres, según datos del INE. Esto reduce drásticamente las posibilidades de que se mencione a mujeres directivas. No es que sean invisibles o que los comunicadores no las quieran ver. Sencillamente, a veces no hay.

La opinión de la investigadora es rotunda: “La crisis es un tema demasiado grave como para que solo esté en manos de los hombres”. Afirma, sin embargo, que las expertas no siempre quieren aportar su opinión en la prensa. “Se resisten a salir en los medios. Tienen mayor sentido del ridículo y rigor que ellos. Muchas piensan que van a ser cuestionadas. Temen que se discuta cómo visten o actúan”, expone. Una barrera psicológica que solo las mujeres pueden romper cuando reciban la llamada de un periodista.

El estudio de Altés y Majó comprueba que el miedo de las expertas a ser radiografiadas en sus apariciones públicas no es totalmente infundado. Las mujeres no son tratadas informativamente igual que los hombres, concluye la investigación. “Las estereotipan, minan su credibilidad. Hacen mención, por ejemplo, a su vestuario”, subraya la autora.

El GMMP arroja resultados parecidos sobre el sexo de las fuentes en los medios generalistas. El 91% de los expertos y 82% de los portavoces consultados son hombres. Otro indicativo de que los estereotipos se reproducen en la prensa es que el 17% de ocasiones en las que se menciona a una mujer se cita su situación de parentesco. Este tipo de identificación solo se utiliza para el 5% de los varones. También en las fotografías hay una escasa presencia femenina. Según los cálculos de este periódico, en el periodo analizado —16 de abril a 13 de mayo (el mismo estudiado por Woman in Journalism)—, solo aparecían mujeres en el 20% de las fotos. De ellas, en más de la mitad estaban acompañadas de un hombre.

Una de las soluciones que propone Altés para alcanzar un mayor equilibrio es que los planes de estudio de las facultades incluyan la perspectiva de género. ¿Cómo? Enseñando a realizar informaciones con tantas fuentes femeninas como masculinas para lograr una visión más amplia y cercana de la realidad. Ella lo hacía en sus clases en la Universidad Autónoma de Barcelona. “Impartía un seminario sobre este asunto, pero era optativo”, La profesora cree que no era suficiente. Fraga comparte la misma opinión: “Se debe enseñar. Pero cuando hay cursos sobre esto tienen poca relevancia académica y van solo chicas”.

Pese a que las investigaciones señalan a las cúpulas de poder predominantemente masculinas como parte principal del problema, los expertos dicen que los (y las) periodistas también son responsables de la discriminación en las redacciones. En su mano está revertir la situación, según González, que parafrasea a la expresidenta de Chile y directora de ONU Mujeres Michelle Bachelet: “Cuando una mujer entra en política cambia la mujer. Cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política”. Pero una creciente presencia de redactoras no ha significado un mayor equilibro de género en las informaciones. “Ellas también utilizan los criterios profesionales mal”, apunta Sánchez Aranda. Las investigaciones concluyen que las noticias cuyas autoras son mujeres no contienen más expertas que las elaboradas por hombres. Una actitud proactiva de vigilancia por parte de los medios como entidad y los trabajadores en su labor diaria, según ha podido constatar Altés, sí aumenta la igualdad en los contenidos. Fraga va más allá: “Se tendrían que hacer informes internos de seguimiento”.

No existe una fórmula mágica para erradicar la discriminación. A veces la propia realidad, la actualidad o los hechos, son el obstáculo. Otras, la rutina del profesional o la timidez de la experta. Como en otros males de la sociedad, un primer paso es que cada implicado reconozca su problema y su culpa.

 

El ciego que no quiere ver

Gabriela Cañas 10 NOV 2012

En cierto modo, es un contrasentido. En una civilización que ha deificado hasta el paroxismo el atractivo femenino no se mira a las mujeres. El mundo insiste en ignorarlas salvo en aquello en lo que son imprescindibles y países en los que las mujeres han alcanzado un nivel de preparación incluso superior al de sus congéneres masculinos aquellas siguen sin tener, ni de lejos, las mismas oportunidades. ¿Por qué?

Hace ya muchos años, unas investigadoras europeas intentaron desentrañar la causa de la discriminación en un mundo tan aparentemente alejado de la arbitrariedad como la ciencia. Si cada vez había más mujeres en los laboratorios por méritos previamente evaluados, ¿por qué estas no alcanzaban la misma notoriedad que sus compañeros? La razón principal era y es elemental: la notoriedad y todo lo que ello conlleva la marca la cantidad de menciones que otros investigadores realizan acerca del propio trabajo. Y aquellas investigadoras llegaban a la conclusión, grosso modo, de que los hombres solo (o casi) mencionan a otros hombres.

Estudios similares en el campo científico indican que hoy la tendencia es la misma, como lo es en los sectores productivos cuyas carreras profesionales no estén estrictamente reguladas; o sea, la mayoría. En los sectores donde predomina la evaluación basada en criterios subjetivos se castiga con especial severidad a las mujeres. Particularmente sangrante resulta, por ejemplo, la invisibilidad de las mujeres en todas las artes: de la literatura al cine pasando por el diseño o la pintura (muy recomendable a este respecto el artículo de Ángeles Caso También las mujeres sabían pintar, publicado en EL PAÍS el 8 de marzo pasado, que pueden consultar si lo desean en http://www.elpais.com).

De manera transversal, reforzando esta impúdica y obcecada inercia, actúan los medios de comunicación. Son ellos los que fijan y dan esplendor a una situación de tanta inequidad. En el Cuarto Poder, como en el Primero (el del dinero), la participación de las mujeres en las esferas decisorias ha mejorado, pero sigue siendo testimonial y en modo alguno alcanza la masa crítica suficiente para transformar la mirada con la que los medios observan el mundo y lo transmiten a los demás.

Las leyes topan con una realidad tozuda y no siempre pueden actuar para quebrar la discriminación. Esta semana pasada, la comisaria europea Viviane Reding ha vuelto a tropezar con su proyecto de obligar a las grandes empresas europeas a incorporar a sus consejos de administración a un mínimo de un 40% de mujeres. Fue un fracaso su propuesta de autorregulación y lo ha sido su intento de convertir las cuotas en norma. Pero los hechos evidencian que el mundo necesita un auténtico bombardeo de iniciativas como esta, aunque solo sea por la polémica que desatan; porque visibilizan lo que antes era invisible. Puede que a corto plazo no logren atracar en buen puerto pero consiguen evidenciar la injusticia que se intenta esconder. El Parlamento Europeo no tiene potestad para vetar a un miembro del comité ejecutivo del Banco Central Europeo, pero su voto contrario al luxemburgués Yves Mersch ha sido el mejor altavoz para una realidad incomprensible: que no haya una sola mujer en los órganos de gobierno de esa institución pública europea que, como las demás, acostumbra a aplicar todo tipo de cuotas. Si algún medio de comunicación se olvidó de denunciarlo, esta vez quizá no haya podido zafarse.

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