Lluïsa Vidal ‘pinta’ un siglo después

Barcelona vuelve a acoger, tras la de 1919, una muestra de la gran artista modernista

Retrato de ‘Maria Condeminas de Rossich’ (1909), famoso lienzo de Lluïsa Vidal

La Sala Parés de Barcelona rindió homenaje a Lluïsa Vidal (1876-1918), pintora de la casa tras haber expuesto en una docena de ocasiones, en 1919, un año después de su muerte, a los 42, víctima de la gripe española. El homenaje era para compensar el poco eco que había tenido su deceso; algo que se ha mantenido hasta ahora, ya que desde su fallecimiento nadie se ha acordado de ella en Barcelona. Han tenido que pasar 95 años para que sus pinturas sean objeto de una exposición en su ciudad natal.

La iniciativa ha partido de Consol Oltra, investigadora de la vida y la obra de esta pintora vinculada con la segunda generación de pintores modernistas, como Joaquim Mir, Oleguer Junyent, Juli González, Xavier Gosé o el joven Pablo Ruiz Picasso, desde que la descubrió en una exposición en Granollers en 2001. Después de publicar el año pasado Lluïsa Vidal. La mirada d’una dona, l’empremta d’una artista, en la que Oltra recuperó de los salones de coleccionistas privados, nacionales e internacionales, muchas de las obras pintadas por Vidal, siempre había defendido que este trabajo tenía que terminar en exposición.

Fotografía de Brangulí del homenaje que le hizo la sala Parés de Barcelona en 1919, la última hasta ahora en Barcelona: 1. Día de campo; 2. Franquista Vidal; 3. Miquel Bertrán; 4. Les mestresses de casa. 5. El noi del gos; 6. Bodegón con loro; 7; La Rosina y la Teresa, 8. Entre flores; 9. La sardana. 10. Autorretrato. 11. Pelea de gallos.

Hasta el 5 de octubre, en el Museu del Modernisme Català (MMCAT) de la calle Balmes de Barcelona se pueden ver 25 obras, tres de sus grandes óleos en los que pintaba a personas de su entorno, como a sus hermanas Marta, Frasquita o Carlota, Retrato del escultor Manel Fuxà (1914), o el bello retrato Maria Condeminas de Rossich, pintado en 1909 que cierra la exposición, además de dibujos y sanguinas y objetos personales, como fotografías y cartas y un cuaderno en el que la pintora coleccionaba y pegaba las críticas de los periódicos de sus exposiciones tras recortarlas o los diplomas que obtenía con las pinturas que presentaba a concursos, donde acababa casi siempre imponiéndose.

“Es una muestra modesta, pero fundamental para reivindicar a esta artista olvidada y maltratada”, se excusa Oltra. Se refiere a que muchas de las pinturas de Vidal han sido mutiladas y se han colocado en el mercado con la firma de otros pintores, masculinos por supuesto, y más cotizados (como ocurre con Dona amb labor, firmado por Ramon Casas, que conserva el Vinseum de Vilafranca del Penedès).

Lluïsa Vidal en su talle en 1904, retratada por el fotógrafo de los artistas Francesc Serra

‘Damisela’, realizad aen 1902 en París por la joven Llüisa Vidal con un marco realizado por su padre Francesc Vidal.

No ha sido difícil la confusión histórica de la atribución de las obras de la artista, porque la pintura de Vidal, hija del famoso ebanista y decorador Francesc Vidal, era considerada “demasiado viril” y poco femenina, incluso en su época, tal y como reflejan las críticas de la época, con frases como “extraordinario talento masculino” y “viril firmeza”. Tampoco sus temas eran muy femeninos, ya que realizaba retratos, escenas de género con asuntos de la vida cotidiana, como Mestreses de casa (1905) o Maternitat (1897), fiestas tradicionales, como Processó (1909) o L’enterrament (1910) y personas de la calle, como la anciana con flores de Dia de campo (una obra hoy en día no localizada), además de ilustraciones para revistas literarias, como Feminal, mientras renegó desde el primer momento de los temas florales que cultivaban otras pintoras del momento. Vidal fue una de las pocas, sino la única, mujer pintora que vivía de su obra, ya que recibía en cargos y vendía sus pinturas, además de impartir clases para “señoritas” en su estudio de la calle Salmerón, hoy Gran de Gràcia, que había ocupado Isidre Nonell hasta su muerte.

Oltra, tras acceder a la documentación conservada por los pocos descendientes de la pintora, ha podido asegurar la autoría de Vidal en varias obras, además de localizar algunas de sus pinturas en México y Uruguay, como Retrato de la señora Tabares (1911). “Pintó unas 300 obras”, asegura.

Exposiciones como la del MMCAT pueden ayudar a dar visibilidad a la artista. El Museo Nacional de Arte de Catalunya, que posee nueve grandes obras, donadas en 1935 por las hermanas del artista que hasta ahora no se exponían en las salas permanentes, anunció que en la reforma que está llevando a cabo de las obras del siglo XIX acabaría estando presente esta pintora que ha estado acompañada por la mala suerte.

La exposición del MMCAT es la primera temporal de este museo privado y la primera vez que se muestran obras que no forman parte de su fondo.

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