Las mujeres marroquíes dan pasos hacia atrás

Entidades oficiales, ONG y asociaciones alertan de la elevada violencia de género y del retroceso laboral

Una joven bereber durante su boda en Imilchil (Marruecos) en 2010. / AFP

El fenómeno de los matrimonios con menores en Marruecos, que se han duplicado en el último decenio, se ha agravado con una nueva modalidad conocida estos días, las bodas exprés, firmadas por contrato entre los padres, con la duración de un mes y la posibilidad de devolución de la joven y la recuperación del dinero invertido: entre 20.000 y 60.000 dirhams (de 2.000 a 6.000 euros).

El testimonio conmovedor de esta secuela dramática de los matrimonios con menores, que se permiten de forma excepcional entre los 9 y 18 años, lo ofreció la semana pasada Zakia Chramo, directora ejecutiva de la asociación Ennakhil, en la presentación de la campaña nacional Ha’lach (“Es por eso”). Los tres colectivos feministas más importantes del país han puesto en marcha en radios y televisiones mensajes para sensibilizar sobre el problema diario de las mujeres en las calles (sobre todo el acoso, que también sufren las occidentales) y en las casas del país, y reactivar el flamante artículo 19 de la Constitución de Marruecos, promulgada en julio de 2011 e impulsada por el rey Mohamed VI ante el empuje de muchas protestas de jóvenes. El artículo dice que “las mujeres y los hombres deben disfrutar en igualdad de los mismos derechos y libertades de carácter civil, político, económico, social, cultural y medioambiental”. Pero no se cumple.

Chramo aclaró que en las ciudades de Kalaa y Sraghna han detectado casos de bodas con menores en las que sus padres firman un contrato con el hombre al que entregan a sus hijas por un periodo de un mes. Y en el documento también se especifica que el hombre puede devolver a la joven a su familia si no la desea más y recuperar el dinero.

Los matrimonios con menores están permitidos en teoría, para casos muy excepcionales en los que las dos familias están de acuerdo y un juez puede comprobar y ratificar las razones de los consortes, procedentes de tribus con esa tradición ancestral.

La realidad es otra. Los jueces hacen la vista gorda, y el Ministerio de Justicia ha registrado un aumento notable de estas bodas en el último decenio. Han pasado de 18.341 en 2004 (7,75% del total) a 35.152 (11,47%) en 2013. La mayoría, además, son coaccionados y con el fin de esconder “la violación encubierta de menores”, como denunció Najat Ijich, presidenta de la Fundación Ytto, en la presentación de las jornadas de igualdad de la mujer que se celebrarán a partir de mañana en Casablanca. El lugar de esa cita no es casual. La ciudad, con más de seis millones de habitantes, es en teoría la boyante capital económica y desarrollada de un país que presume de emergente. Porque el fenómeno de los matrimonios con niñas no es solo rural, también se da en los barrios marginales entre la gente más pobre y analfabeta.

En Casablanca se rodó un vídeo que reventó la semana pasada en Internet (800.000 visitas en Youtube) desde el portal Casacity.com. En él una joven se cruza con 300 acosadores en 10 horas al pasear por los bulevares de la ciudad en pantalón rosa y camiseta, imitando a la actriz neoyorkina Shoshana B. Roberts.

Las encuestas manejadas por las asociaciones feministas estiman que unos seis millones de mujeres marroquíes (una de cada dos) han sufrido violencia doméstica, pero también que menos del 3% presenta denuncia en comisaría. Un trabajo reciente del Foro Económico Mundial sobre los derechos de las mujeres sitúa a Marruecos en la posición 133 de 142 países. La tasa de actividad femenina pasó del 28% en 2000 al 25,5% en 2011, y en esos 11 años descendió el número de alumnas universitarias del 60,9% al 51,3%.

En apenas dos semanas se han registrado dos casos en Marraquech de mujeres desfiguradas a cuchilladas porque habían pedido el divorcio. Una era una menor forzada a casarse con su violador para reparar el agravio.

El Consejo Nacional de Derechos del Hombre ha constatado estos problemas en sus estudios y ha pedido cambios legales. Pero el Gobierno tiene frenados varios proyectos.

“El hombre gana el pan y la mujer en casa”. Ese eslogan machista presentó un mitin muy cuestionado del jefe de Gobierno, el islamista moderado Abdelilá Benkiran. Su tema: la pérdida de valores familiares

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