La arpista que sedujo a reyes, Wagner y Victor Hugo

 

  • Esmeralda Cervantes fue la gran arpista del siglo XIX, aunque hoy su figura permanece olvidada

VANESSA GRAELLBarcelona

Actualizado: 25/12/2013 a El Mundo

Victor Hugo le prestó el nombre de una de sus heroínas, la Esmeralda del Jorobado de Notre Dame. Y el rey Alfonso XII le añadió el apellido más ilustre de las letras españolas: Cervantes. La niña prodigio del arpa, Clotilde Cerdà (o Esmeralda Cervantes de nombre artístico), cautivó a reyes e intelectuales: Pitarra, Jacint Verdaguer, Franz Liszty hasta el mismísimo Richard Wagner, que la calificó de genio ante el rey Luis de Baviera. ¿Quién fue Clotide Cerdà, hoy caída en un profundo e injusto olvido? Hija ilegítima de Ildefons Cerdà, fue una mujer adelantada a su tiempo, transgresora, un genio femenino -algo incompatible entonces- en el siglo XIX. Actuó ante monarcas y en los mejores teatros de todo el mundo, escribió el libroHistoria del arpa, hizo las Américas con su arpa, protagonizó una sesión privada ante el presidente de Estados Unidos, Grover Cleveland, fue bendecida por el Papa León XIII, fundó una escuela de artes para mujeres, dirigió en París la efímera revista La estrella polar y consiguió indultos para condenados a muerte.

«Apenas hay información sobre Clotilde Cerdà. En su época fue muy conocida, un personaje fascinante, más recordado en Cuba y América del Sur que aquí, donde no acabó de ser reconocida del todo. Representaba un modelo de mujer demasiado progresista. Pero en ningún caso es una excepción: hubo más mujeres como ella, pero la Historia no las ha reconocido. Nos han trasladado un imaginario de mujer pasiva poco ajustado a la realidad.Hubo un sector de mujeres que luchaba por vivir y crear en igualdad de condiciones con el hombre», explica la historiadora Isabel Segura, que acaba de publicar Els viatges de Clotilde (Edicions 3 i 4), donde traza la fascinante historia de Esmeralda Cervantes. Una historia trepidante, que discurre entre las cortes europeas y más allá del Atlántico. Podría ser un filme de Hollywood.

La monarquía le retiró el apoyo por su actitud antiesclavista, feminista y protectora de la clase obrera

Hija de Clotilde Bosch -dama de honor de Isabel II- y de Ildefons Cerdà-aunque no era el padre, el ingeniero la reconoció y le dio su apellido, pero en su testamento no le legó nada-, Clotilde nació en 1861 y pronto se reveló como un prodigio del arpa. Su madre -otra mujer revolucionaria- se separó de Ildefons Cerdà, con quien tenía otras tres hijas, y se marchó con una Clotilde de nueve años a París, en los libertarios años de la Comuna. A los 12 años ya tocaba en la orquesta de Richard Strauss en Viena.

Con 14 años, fue nombrada profesora honoraria de arpa en el Conservatorio del Liceu. A esa edad, consiguió del rey Alfonso XII un indulto para dos condenados a muerte en Barcelona. Pero sus buenas relaciones con la monarquía se torcerían en pocos años. Susideas eran demasiado modernas, peligrosamente progresistas. «Clotilde era feminista, antiesclavista y protectora de la clase obrera, algo que la monarquía no veía con buenos ojos. El secretario de la reina regente, Guillermo Morphi, le tramitó una carta con una velada amenaza, sugiriéndole que no se ocupara de asuntos de hombres y que se dedicara a tocar el arpa», señala Segura.

En 1885, cuando tenía 24 años, se rodeó de las mujeres más potentes de su época (desde Antònia Opisso, que escribía novelas antiesclavistas, a Dolors Aleu, primera doctora en medicina de España, que necesitó un permiso del rey para matricularse en la univerdad) para fundar la Academia de Ciencias, Artes y Oficios de la Mujer, con sede en el número 10 de La Rambla. Este centro de enseñanza era un intento de profesionalizar a la mujer, para que tuviera una oportunidad más allá de los «estudios tan incompletos como frívolos» de la época. Pero la falta de apoyo institucional y las grandes deudas la obligaron a cerrar la academia sólo dos años después.

Después de dos tournées por América y de haber recorrido media Europa, Clotilde Cerdà se casó con el industrial alemán Oscar Grossman y, a partir de entonces, abandonó los escenarios para dedicarse a la enseñanza (de 1907 a 1915 vivió en México, donde fue profesora de arpa en el conservatorio). Clotilde pasó sus últimos años en Santa Cruz de Tenerife, donde murió en 1926. Ni placas ni distinciones la recuerdan hoy en España. Ni siquiera el Liceu la ha homenajeado. Pero aún existe el puente que une Paraguay y Brasil, al que el emperador brasileño dio su nombre.

Aunque Isabel Segura llevara años buscando información sobre Esmeralda Cervantes, la génesis de Els viatges de Clotilde fue el álbum fotográfico con anotaciones manuscritas que la Biblioteca Nacional de Catalunya adquirió hace una década años a un anticuario de Naumburg (Alemania). Ahí Clotide (¿madre o hija?, una incógnita no resulta) plasma viajes, actuaciones y notas de una vida de película.

1 comentari (+add yours?)

  1. Maria Pubill
    febr. 16, 2015 @ 14:10:39

    Hola Magda, Pots convidar al Bloc a la Mònica Llobet.? No crec que li sigui possible fer-se sòcia, ja que porta cinc anys sense feina… Fins dimecres, Maria

    M'agrada

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