‘El día que las mujeres pudimos votar’, hablamos con una de las últimas sufragistas de la Segunda República

Captura Por Aitor Fernández – marzo 8, 2016 |

Virginia Woolf, Simone de Beavoir, Flora Tristán, Rosa Luxemburgo o Clara Campoamor son mujeres que cambiaron el rumbo de la historia. Mediante su pensamiento y sus acciones reivindicaron los derechos de la mujer, históricamente aplastados.

CapturaPoco se enseña en España de feminismo en los libros de texto y mucho menos se habla de las mujeres que, durante la historia española más cercana, fueron imprescindibles para hacer un mundo más justo. Alejandra Soler, una valenciana de casi 103 años, es una de ellas.

“Yo tuve la oportunidad de estudiar, pero eso no era lo habitual”. Con esta frase abre Alejandra su encuentro con VICE News. “La situación general del pueblo era desastrosa, pero lo peor del panorama era la situación de la mujer, que era sólo un apéndice del varón. La mujer no existía ni jurídica ni socialmente. Las cosas no le gustaban nada a esta mujer de 17 años. Ahí empezó mi rebeldía”.

Alejandra Soler Gilabert estudió en la Institución Libre de Enseñanza y formó parte de la Federación Universitaria Española (FUE), una organización que trabajaba por la educación universal y gratuita.

Recuerda nítidamente las elecciones de abril de 1931 y el plebiscito republicano. “Me alegré”, sentencia. “La Segunda República ha sido el régimen más legítimo que ha tenido nunca España. Y el pueblo lo recibió con gran entusiasmo”.

“Antes de la República”, prosigue, “la situación del campesino español para con los propietarios era totalmente medieval. Amo y siervo. La gente se moría de hambre, pero los dueños de los grandes latifundios impedían el cultivo de sus propiedades. La República planteó una expropiación totalmente legal: comprando las tierras. Pero no había dinero suficiente para hacer este proceso de una forma rápida. La Reforma Agraria y otros grandes proyectos realizados por el gobierno durante los dos primeros años empezaron a dar sus frutos”.

“Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”. Este fue el texto que finalmente se incluyó en el artículo 36 de la Constitución Republicana de 1931. El sufragio universal se aprobó en España mediante votación nominal por 161 votos a favor y 121 en contra.

“La mujer podía ser elegida, pero no podía elegir”, explica Alejandra. “Hay que recordar que en España no había ni siquiera un incipiente movimiento social al respecto, como en otros países de Europa. Yo mantuve grandes discusiones en la calle, siempre del lado de Clara Campoamor”.

‘Les decía que ellas también eran ciudadanas, que no sólo tenían el papel de cuidar a sus maridos y a sus hijos’.

Muchos fueron los obstáculos que trataron de impedir la aprobación. Antes de la votación se presentaron dos enmiendas. La primera quiso impedir el voto a las mujeres menores de 45 años, mientras que la edad en los hombres se mantenía en 23. La segunda proponía incluir la propuesta del sufragio femenino dentro de la Ley Electoral, pero no en la Constitución.

Sin embargo, el obstáculo más debatido fue la dicotomía entre Victoria Kent, socialista que pedía aplazar el derecho, y Clara Campoamor, perteneciente al Partido Radical, que trabajó por su implantación inmediata y su reconocimiento en el texto constitucional.

“Kent sustentaba su petición de aplazamiento en que la Iglesia tenía un poder real sobre la sociedad”, explica a VICE News Beatriz Martín, licenciada en Ciencias Políticas y experta en teoría feminista. “La confesión fue la fuente de información que la Iglesia, durante siglos, utilizó para imponer su doctrina. De ahí el miedo que las mujeres votaran influenciadas por la Iglesia a partidos que querían destruir los avances republicanos”.

“Es un argumento paternalista”, explica. Esta politóloga sostiene que no se puede argumentar la tutela de un estamento sobre las mujeres para privarlas de un derecho. Alejandra también piensa así: “Tenía que ser así. Pasara lo que pasara no se podía consentir la desigualdad de la mujer. Cuando ganamos, sentí una alegría enorme. La gente consideró que era algo justo. La mujer por fin estaba dentro de la sociedad”.

“La Segunda República recogió las reivindicaciones feministas ilustradas y las extendió al conjunto de las mujeres”, prosigue Martín. “El sufragio universal sitúa a las mujeres como ciudadanas de pleno derecho. Sin embargo, la República no tuvo tiempo de llevar a cabo la mayoría de las políticas ni el desarrollo de las leyes”.

Alejandra Soler junto a su compañero Arnaldo Azzati a la izquierda. (Imagen vía Alejandra Soler)

A los 20 años, con la victoria de las fuerzas de la derecha, Alejandra presencia el derribo de todos los avances conseguidos en los dos primeros años. “Desde el primer día, las fuerzas conservadoras plantearon el asesinato de la República porque no querían perder sus privilegios”, explica. “Tras la represión de Asturias en 1934, decidí afiliarme al Partido Comunista. Y en la campaña para las elecciones de 1936, fui una de las principales oradoras del Frente Popular”.

Recuerda nítidamente cómo eran esos días y las frases que proyectaba en los mítines. “Hicimos una campaña preciosa, siempre del lado de la gente. Intentábamos abrirles ventanas. Yo deseaba subir la autoestima y fomentar la participación de las mujeres en la vida política”.

“Les decía que ellas también eran ciudadanas, que no sólo tenían el papel de cuidar a sus maridos y a sus hijos, que esos hijos que estaban criando serían futuros ciudadanos y ellas tenían el papel tan importante de educarles para ello”.

Ganaron. “Y la República volvió a funcionar”, sentencia. “El Frente Popular fue un ejemplo precioso de que las fuerzas de izquierdas, unidas en revulsivo al Bienio Negro, funcionan mejor. Luchando entre nosotros no hacemos otra cosa que ahogar nuestro poder de convencimiento”.

Alejandra Soler mantiene la premisa de que los militares africanistas motivaron y prepararon el golpe a raíz de la creación del Frente Popular. Las fuerzas de izquierda valencianas, que ya estaban preparadas, se organizaron para detenerlo en la ciudad.

“Falange tomó la radio el 13 de julio de 1936 para anunciar el levantamiento. Todos llenamos las calles para exigirles que salieran de ahí. Íbamos desarmados. Al grito de ‘¡Salid de ahí, asesinos!’ les hicimos salir. Y les dejamos marchar.”

Desde ese momento, el pueblo valenciano se preparó para el levantamiento. Alejandra participó en el asalto pacífico a los cuarteles de caballería. Lo recuerda como algo maravilloso al no tener que emplear la violencia.

Alejandra participó durante toda la guerra a las órdenes del Partido Comunista. Cuando al bando sublevado le llegó la ayuda del Fascismo internacional y Europa decidió no apoyar a la República, se dio cuenta de lo que iban a perder. Alejandra retrocedió hasta llegar a Barcelona.

“Mi marido — el periodista Arnaldo Azzati — y yo no llevábamos nada, sólo una máquina de escribir de la que él nunca se separaba. El ejército fascista acababa de entrar pegando tiros en el preciso momento en que saltamos a un camión de guardias de asalto”. Sin embargo, Alejandra cruzó la frontera con Francia sola. Tras varios infortunios tuvo que separarse de su compañero.

‘El sufragio universal sitúa a las mujeres como ciudadanas de pleno derecho’.

La odisea de cruzar La Junquera le recuerda de forma espeluznante al día a día de miles de refugiados en la actualidad: “Al otro lado de la frontera observé en una ladera a un grupo de gente, muy bien vestida, mirando el espectáculo con unos prismáticos. Me dio tal rabia, tal coraje, que volví a cruzar la frontera hacia España. Pero entonces me topé con una compañía franquista y pensé que tenía que vivir. Yo era una persona conocida y sabía que iba a ir directamente al paredón. Era vivir o no vivir. Y decidí vivir”.

Alejandra fue detenida y enviada a un campo de concentración al otro lado de Francia, en unas condiciones mejores que las que le tocaron a Arnaldo. “Lo localicé porque alguien me proporcionó sellos y sobres para poder escribir a todos los campos de concentración. “Estaba en Argelès-Sur-Mer, un campo donde 300.000 refugiados dormían a la intemperie”, afirma.

Tras el reencuentro comenzaron a realizar gestiones para poder exiliarse. Eligieron la URSS porque la consideraban su segunda casa. “Mi misión al principio fue ser la maestra de una escuela de niños que habían sido evacuados de España durante la Guerra Civil”, recuerda. Hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial. Alejandra participó en la evacuación de Moscú y sufrió la batalla de Stalingrado, salvando a 14 niños de la muerte. Durante la guerra fría ocupó el puesto de Jefa de Cátedra de la Escuela Superior de Diplomacia de Moscú.

“Alejandra Soler representa la fuerza de la mujer”, explica a VICE News Cristina Escrivà, docente de la Universitad de Valencia y de la Asociación Cultural Instituto Obrero. “A sus 102 años transmite la idea de no bajar la guardia para seguir conquistando derechos ante los hombres. Ella, que no cree que España viva en democracia, es una mujer admirable y respetada por todas las organizaciones políticas”.

A pesar de todo, sigo comunista, se lee en el subtítulo de sus memorias, La vida es un río caudaloso con peligrosos rápidos (Universidad de Valencia, 2009). Alejandra considera que lo que se vivió en Rusia no tuvo nada que ver con el comunismo y que no hay ningún país que lo haya vivido aún.

Nunca perdonará al Franquismo “el haber destruido España de una forma planificada, mediante un genocidio sistemático y causando la muerte cerebral de las generaciones que quedaron vivas”.

Ella, que participó en el empoderamiento de las mujeres, comprobó el retroceso que dio la sociedad española cuarenta años después. “El Franquismo supuso la vuelta a la Edad Media”, sostiene Beatriz Martín. “La represión que actuó sobre las mujeres dinamitó prácticamente todo movimiento, sumiéndolas en la violencia silenciada, la abnegación y la misa diaria”.

A raíz de un homenaje organizado por Cristina Escrivà, las instituciones valencianas nombraron “hija predilecta” a Alejandra Soler el pasado mes de septiembre. El trabajo de Escrivà parte de que la historia que nos ha sido impuesta ha sido totalmente falseada.

Sin embargo, opina que la historia objetiva no existe, y que por eso es esencial partir de los testimonios subjetivos de los supervivientes para estudiar e interpretar sus vivencias. Con un objetivo: “Extraer de su pensamiento todo aquello que nos sirva para progresar en la sociedad a través de los valores que representan”.

Alejandra, que apoyó activamente el movimiento 15M, tiene esperanza en los jóvenes y en el futuro. “Soy una vieja totalmente optimista y creo que este siglo es por fin el del cambio del sistema”, sentencia.

“Creo fundamentalmente en esta generación nacida en la tecnología, que puede comunicarse tan rápidamente y puede organizarse en pocos minutos. A ver si estos jóvenes hacen que se muera ya de una vez por todas el capitalismo. No sé si será al principio o al final, pero será en el siglo XXI. Me da un coraje enorme el haber nacido tan pronto”.

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