Acoso sexual: la epidemia que persiste

 

En EE UU el concepto se acuñó en los setenta. Cuarenta años después, la sordidez de Hollywood recuerda que el abuso en el trabajo siguen vigente

AMANDA MARS – Washington 21 OCT 2017 – EL PAÍS

Una protesta en Nueva York contra el acoso sexual a raíz del caso Weinstein. SPENCER PLATT GETTY IMAGES

“Las mujeres empiezan a denunciar el acoso sexual en el trabajo”. Este titular no corresponde a la campaña de esta semana, por la que miles de personas han comenzado a escribir en las redes sociales un Yo también (en inglés, Me too) con el que declaran haber sido objeto de asedio. Se trata del titular de un artículo de The New York Times de 1975 en el que hablaba de una turbia costumbre que las profesionales sufrían en el mundo laboral, ese al que se estaban incorporando a espuertas. Contactos físicos indeseados, proposiciones sexuales rechazadas pero reiteradas hasta la náusea o comentarios lascivos, todos ellos realizados desde el chantaje o el abuso de poder, eran dinámicas presentes desde antes, pero en EE UU cobraron carta de naturaleza en los setenta.

La profesora Mary Rowe, ombusdsperson (defensora) del MIT (Cambridge, Massachusetts) en aquellos años, fue una de las primeras en usar el concepto, aunque el cuño también se le atribuye a la reportera Lin Farley, que entonces dirigía un programa de formación para mujeres en el mundo laboral en la Universidad de Cornell (Ítaca, Nueva York). Farley concluyó que aquellas experiencias que le contaban respondían a un patrón más o menos común extendido a todos los sectores. “Es una epidemia”, comentaba en aquel artículo del 75.

MÁS INFORMACIÓN

Esta semana era fácil pensar en la misma palabra: epidemia. El caso de Harvey Weinstein, el todopoderoso productor de cine que acaba de recibir un torrente de acusaciones de abusos de distinto grado, desde el acoso hasta la violación, ha puesto en el centro de la actualidad ese viejo y turbio asunto del acoso. La lista de presuntas víctimas impacta, va de Mira Sorvino a Rosanna Arquette, pasando por Gwyneth Paltrow a Angelina Jolie. El domingo pasado, en plena tormenta por el escándalo, la actriz Alyssa Milano propuso en Twitter que toda persona que hubiera sufrido algo así en su vida escribiera en su perfil un “Yo también” y, de repente, las redes sociales se inundaron de testimonios.

La historia de Weinstein ha abierto una espita, pero no se puede decir siquiera que el tema estuviera dormido en Estados Unidos. El caso de Bill Cosby, al que decenas de mujeres han acusado, está muy fresco: el juicio por el único caso que le ha llevado a los tribunales se repetirá el próximo abril.
El escándalo de la Fox también estalló este año. The New York Times destapó que la cadena televisiva había estado pagando durante años cantidades millonarias a mujeres para silenciar denuncias de acoso contra su presidente, Roger Ailes, y su presentador estrella, Bill O’Reilly. El primero, recientemente fallecido, acabó dimitiendo, y O’Reilly fue despedido el pasado abril en medio de una fuga de anunciantes. De hecho, según publicó este sábado el Times, publicó que el pasado febrero la Fox había decidido extender su contrato, un mes después de un acuerdo millonario con una trabajadora.

A estos episodios se suman los 20 empleados de Uber despedidos por acosoeste verano o la reciente dimisión del jefe de Amazon Studios, Roy Price, por una acusación de abuso. Ni siquiera esa campaña del Me too es nueva, sino que rescata una iniciativa de 2006 de una mujer que buscaba visibilizar las agresiones sexuales.

Escasas denuncias

Días después de estallar el caso Weinstein, The Washington Post y la cadena ABC llevaron a cabo una encuesta en la que un tercio de mujeres afirmaba haber sido alguna vez objeto de insinuaciones sexuales no deseadas por parte de un superior o compañero de trabajo con poder sobre su puesto. Y, de este grupo, una tercera parte señalaba que ese jefe o empleado había abusado de ellas. El mismo sondeo señalaba que 6 de cada 10 mujeres que había sufrido ese asedio no lo habían notificado a ningún supervisor. Las afectadas declaraban sentirse intimidadas (el 60%), avergonzadas (el 31%) y, sobre todo, enfadadas (83%).

El acoso sexual en el trabajo es un asunto maldito: quien lo sufre siente muchos incentivos para callar y pocos para denunciar, quien lo conoce necesita fingir ignorancia para justificar su inacción o indiferencia, y quien lo comete suele disponer de una parcela de poder que le hará salir indemne. Los tres elementos se combinan perfectamente en esta sórdida historia de Hollywood. El tiempo dirá si la fiebre de estos días se convierte en una verdadera toma de conciencia, si las denuncias dejan de pasar sin pena ni gloria. Hace poco más de un año, el actor Elijah Wood, que triunfó a los 18 años como intérprete de Frodo en El señor de los anillosdenunció un pacto de silencio sobre los abusos sexuales a niños. “Los pedófilos son protegidos por figuras poderosas de la industria del cine”, clamó.

Weinstein ha desmentido las agresiones que le atribuyen, pero ha reconocido implícitamente parte de las acusaciones de acoso (una grabación recoge una de ellas). Se justificó diciendo que fue educado en los sesenta y los setenta, en una época en la que, argumentó, la forma de comportarse era distinta de la de hoy. Su propia historia demuestra que se equivoca. Cuarenta años después, el acoso sigue pareciendo una epidemia

La cultura de ‘lo normal’

Leer sobre el caso Weinstein nos ha hecho darnos cuenta de que este no es un caso aislado

 

Quentin Tarantino y Harvey Weinstein. KEVIN WINTER (AFP) / EPV

 

 

 

PATRICIA FERNÁNDEZ DE LIS – 21 OCT 2017 – ELPAÍS

El caso Harvey Weinstein no tiene nada que ver con Harvey Weinstein, al menos no todo. Es cierto, sí, que el más poderoso productor de Hollywood acosó, amedrentó, atosigó e impuso su voluntad y su poder a decenas de mujeres. A algunas de ellas también las violó. Los relatos de las víctimas son espeluznantes, y muchas mujeres hemos sentido aprensión y dolor al leerlos, pero no por empatía hacia las víctimas, o no solo por ello.

Estamos impactadas (y muchas, muy enfadadas), porque leer sobre ello nos ha hecho darnos cuenta de que este no es un caso aislado: no se trata de un solo hombre que abusa de su poder ante mujeres que no pueden defenderse, no hay únicamente un puñado de víctimas que callan porque se sienten culpables y avergonzadas. Lo que muestran estos relatos es una cultura de machismo sostenido, de abuso de poder sistémico, de hombres que acosan, de amigos que callan, de mujeres que no denuncian. Es un velo que nos rodea y nos asfixia aun cuando no seamos capaces de observarlo. Es la cultura de lo normal.

Lo normal cuando eres una mujer joven es que te enseñen que no debes sentirte ofendida si un hombre en el que no estás interesada muestra interés por ti. Es más, debes sentirte halagada. Si dices “no” y ese hombre insiste, es parte del juego: él, simplemente, se siente más atraído hacia ti porque tú no eres una chica fácil. Si ese hombre es, además, poderoso y se ha fijado en ti, es que eres una mujer muy especial. Si te halaga, si te invita a comer, si te hace regalos, si te suelta piropos, déjate querer. ¿Qué hay de malo en ello?

Y es entonces cuando ese hombre abusa de su poder, ya sea física o verbalmente. Y tú te sientes sola, desprotegida, perdida.

An illustration split in two halves depicting two women at a protest. On the left, a woman wearing a purple hijab holds a sign with the hashtag “me too”. Next to her a woman shyly holds a smaller sign with the hashtag “me too”. Behind them is an outline of a crowd holding signs. On the right, the woman wearing the hijab is holding the same sign. This time she is using her other hand to raise the other woman’s hand up

Información y privacidad de Twitter Ads

 

Porque es en ese momento del relato en el que la culpa se invierte: te fuiste a comer con él, aceptaste sus regalos y sus piropos, te dejaste querer, ¿qué esperabas? Muchas mujeres callan porque sienten que se lo han buscado. El 40% de la población española cree que las mujeres maltratadas son responsables de los abusos que sufren, ¿quién puede culparlas entonces por no hablar? Otras guardan silencio por miedo a las represalias de ese hombre poderoso o de otros que le apoyan y protegen, aunque sea inconscientemente. Y otras muchas, simplemente, no hablan porque asumen que lo que les ha ocurrido es lo normal. No hemos sido capaces de darnos cuenta de que no es normal, no lo es en absoluto, hasta que hemos leído que le ha sucedido a otra. A muchísimas otras.

Por eso es tan poderosa la campaña montada en redes con solo dos palabras #Metoo, #yotambién, en el que miles de mujeres reflexionan sobre sus propias historias de abuso. De un solo vistazo se puede ver que no, no somos un puñado y no estamos locas. Cantantes, actrices, modelos, deportistas, abogadas, políticas, profesoras, periodistas, da igual. Son miles de historias que gritan a otras mujeres “no eres la única, no eres la culpable, no estás sola”.

Ojalá las reflexiones sobre el caso Harvey Weinstein no se queden en Harvey Weinsten. Las mujeres hemos empezado a salir del armario. Solo falta que lo hagan los weinsteins y los tarantinos de este mundo, los que abusan y los que callan. Os esperamos.

 

 

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

S'està connectant a %s