Tras el escenario

 a Carlos Cano

Aún siento tu mano sobre mi hombro frío,
cuando nos brotó jazmín entre los labios,
un dulce surtidor para el abrazo
y la timidez propia de los niños.
Sobrio como la Torre de Comares
y tierno como el pan duro compartido.
Yo te hablé de coplas inmortales
y tú de vencedores y vencidos.
Fuimos la luz del Sur hecha silencio,
la admiración, en un gesto de cariño,
el aire fresco de la blanca sierra
y los naranjos en flor cerca del río.
No existió más paisaje entre nosotros
ni más presencia real como estribillo.
De la garganta te salió el consejo
y de mi pecho un adiós hecho suspiro.
Así es, me cuido, escribo y pinto,
con tu voz pegada a los sentidos
y aquel beso de hermano que regresa,
porque mi instinto creador, te siente vivo.

R.Guri – Febrero 2011
La memoria es abrigo y calor para los sueños de mármol.